Me
cortaré la cabeza y los nubarrones sinuosos quedarán morados. ¡Y los
vástagos otoñales crujientes y la serpentina silbando al viento! Me
cortaré la cabeza y el viajero me dirá que al fin la perdí; vacía mi
voz, mi estructura, mi envase, las catedrales y las montañas. Me cortaré
la cabeza y el día me parecerá hermoso, sin píldoras, sin relojes
mudos, perdido ya su espanto preternatural. Me cortaré la cabeza y veré
al mundo por última vez y el dolor quedará burlado y mi tumba tendrá un
epitafio mal escrito, por alguien que jamás conocí.
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